El confinamiento debido al COVID-19 ha hecho que volvamos a poner la Dieta Mediterránea sobre la mesa

El confinamiento debido al COVID-19 ha hecho que volvamos a poner la Dieta Mediterránea sobre la mesa

El grupo de investigación Alimentación, Nutrición y Salud (AGR-141) del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada muestran cómo, contra todo pronóstico, el confinamiento debido al COVID-19 ha hecho que los españoles comamos de forma más saludable. Durante las primeras semanas del confinamiento hemos aumentado el consumo de vegetales, legumbres y frutas y disminuido la ingesta de fritos, comida rápida, bebidas carbonatadas y carnes rojas.

Para la consecución del estudio, los investigadores lanzaron una encuesta online el 20 de marzo (una semana después de la declaración del Estado de Alarma) destinada a la población adulta española en la que se incluían preguntas relacionadas con la adherencia a la Dieta Mediterránea y cambios en el comportamiento alimenticio referente al consumo de productos procesados, fritos, aperitivos, alcohol o tipo de cocinado además de cambios en la actividad física y en el peso corporal, entre otras. La encuesta tuvo una buena acogida y fue contestada por un total de 7514 participantes de todo el territorio nacional.

Los resultados del estudio, recientemente publicado en la prestigiosa revista Nutrients, muestran cómo la adherencia a la Dieta Mediterránea se incrementó de manera global durante el confinamiento. La Dieta Mediterránea está considerada como patrón de dieta saludable en la que destaca la presencia de aceite de oliva, frutas, verduras, nueces, vino tinto y pescado. Sorprendentemente, este cambio fue mayor en los participantes más jóvenes (18 a años). Esta mejora se asoció con un menor consumo de repostería, carnes rojas y bebidas edulcoradas o carbonatadas y un mayor consumo de vegetales, frutas y aceite de oliva durante el confinamiento comparado con su ingesta habitual.

Interesante también el hecho de que algo más de la mitad de los participantes (57,3%) declararon haber disminuido la ingesta de alcohol y su actividad física (59,6%). Además, durante las primeras etapas del confinamiento, la mayoría de los participantes afirmaron no haber experimentado cambios en la frecuencia del cocinado o en el consumo de aperitivos y comida rápida y el 63,7% de los participantes declararon no estar comiendo más durante el confinamiento.

Señalar también que, a pesar de la falta de suministros en algunos supermercados al inicio del confinamiento, tan solo un 28% de los participantes experimentó alguna dificultad a la hora de encontrar algunos alimentos, siendo la carne (23.83%), las verduras (13,8%) y el pescado (12,1%) los mayoritarios.

El proyecto COVIDiet, del que se surge está investigación,  es un proyecto con proyección internacional, liderado por la Dra. Celia Rodríguez Pérez, del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada en el que han participado un total de 17 países. El objetivo principal de este proyecto es evaluar si el confinamiento debido al COVID-19 ha influido en el comportamiento alimenticio de la población. La idea surgió del grupo de investigación “Alimentación, Nutrición y Salud (ANyS)” que el 20 de marzo lanzó una encuesta destinada a la población adulta española que posteriormente fue traducida a 16 idiomas diferentes y difundida a través de diferentes redes sociales, redes de trabajo, sociedades científicas, correos electrónicos y a través de mensajería instantáneos.

Aunque la adherencia a la Dieta Mediterránea durante en confinamiento ha aumentado, lo españoles estamos todavía lejos de llevar una buena alimentación en cuanto a Dieta Mediterránea se refiere. Por ello, debemos mantener los comportamientos saludables adquiridos durante este período para que se conviertan en hábitos. Sólo así podremos conseguir un estado de salud óptimo que tenga un impacto positivo en la prevención de enfermedades crónicas, así como en las complicaciones derivadas del COVID-19.